sábado, 11 de septiembre de 2010

Gaya


Gaya o Gea es el nombre de la Madre Tierra, nombre que proviene de la mitología griega (en griego antiguo Γαῖη Gaĩê que significa suelo o tierra). Y este ha sido el nombre que he escogido para mi nueva bicicleta que me ha acompañado sin nombre desde mayo (por cierto, gracias a todos los que colaborasteis en regalarme esta máquina maravillosa).

Ayer por la tarde paseaba por la web de la Fundación Tierra y encontré un link a un vídeo que, aunque no me motivó especialmente, me inspiró. Y así he decidido bautizar mi nueva bicicleta como Gaya. No es un intento de elevarla a la categoría de diosa ni mucho menos. Gaya es un nombre bonito y que me lleva a pensar en algunos de los motivos por los que uso este medio de transporte habitualmente por ello le está bien. Además todo lo material viene de la tierra y vuelve a la tierra y mi pequeña Gaya no es más que un trozo arrancado de la gran Gaya que algún día volverá a ella.

Hay quien se ríe al saber que mis bicicletas tienen nombre, hay quien lo comprende y hay quien se queda igual. Dar nombre a nuestra máquina nos permite sentirnos más cercanos a ella. Una bicicleta no es como un armario que lo tienes ahí hasta que un día lo tiras o se rompe. Una bicicleta necesita un cuidado, un mantenimiento (hay que limpiarla, engrasarla,…). Una bicicleta nos da libertad, y nos da más cuanto mejor la cuidamos y usamos. Por otro lado una bicicleta es una gran responsabilidad, puede ser peligrosa o molestar para los otros si no se usa bien. Poner nombre a tu bicicleta es una muestra de esta responsabilidad que adquieres con la máquina, la responsabilidad de cuidarla y usarla correctamente. Una bicicleta con nombre gana importancia para su dueño, es una manera de darle valor por el servicio que presta y es un estímulo sentimental para cuidarla mejor.

1 comentario:

Fer dijo...

Pues sí, algunos se reirán, pero a las bicicletas se las quiere, porque nos acompañan, nos llevan, las cuidamos, las disfrutamos, nos preocupamos por ellas... ¿acaso no se merecen un nombre propio?