lunes, 18 de octubre de 2010

La vida sobre ruedas - Miguel Delibes



Desde que hace en marzo de este año supe de la muerte de Miguel Delibes, y vi la foto superior en algunos diarios, andaba con la idea de escribir sobre su libro La vida sobre ruedas (Ed. Cuatrovientos), que en las librerías se encuentra entre la "literatura juvenil", pero que es recomendable para cualquier edad.

En él, Delibes narra su experiencia con el futbol, la bici y la moto. No comentaré nada de la primera de sus aficiones.

Es delicioso leer el pasaje en que describe como su padre le enseñó a montar en bici, dándole ese consejo que todos oímos en nuestros inicios sobre los pedales "no mires a la rueda", y como, en cambio, no le enseñó a bajar, así que y dejó al pobre crío dando vueltas y vueltas a la casa, sin decidirse a dejar de pedalear. A partir de ahí, Delibes coje afición a la bici, usándola tanto para hacer deporte como para desplazarse (e ir a pasar una semanita a casa de su novia, ahorrando el dinero del tren).

De todo lo que describe me llama la atención de una ciudad en la que apenas circulan coches, y sin embargo muchas bicis corren de un lado para otro. Las bicis, en ese momento, tenían obligación de estar matriculadas y pagar impuestos... algo a lo que el padre de Delibes se oponía, obligando a sus hijos a aprender a huir de los urbanos diciéndoles que "un chico en bicicleta que se dejara prender por un hombre a pie era tonto, se merecía la multa". Otros tiempos, otro uso de la bici, otras ciudades.

En cuanto a la moto, Delibes la compró pensando en "una bici que rodara siempre cuesta abajo". Sin embargo, nunca abandonó la bici como atestiguan las fotos que acompañan este post.

3 comentarios:

Rafael Vallbona dijo...

Ep,
un blog molt interessant. Gràcie sper permetre'm descobrir-lo. L'afegeixo als preferits.
I avui mateix em compro el llibre del Delibes, digue'm ignorant, però no el coneixia.
Salut

Quique dijo...

Que meravella agradar!
Moltes gràcies pel missatje Rafael.

Fer dijo...

¡Preciosa entrada! Esta misma tarde hemos ido a la biblioteca a buscar el libro, que no conocíamos, y hemos comenzado a leerlo sentados en un banco del parque al sol. Una delicia.

Gracias por redescubrirnos a nuestro vecino vallisoletano.

¡Saludos!