jueves, 31 de marzo de 2011

El curioso caso del ladrón que, además de ladrón, era tonto.

Todo empezó hace una semana, aproximadamente. Salía yo de mi casa con la bici, como cada mañana, y al llegar a la portería me la encontré llena de muebles. Una mudanza. Se me acercó uno de los mozos que estaban moviendo los trastos.

- ¿Quieres esto?- me dijo mientras agitaba en su mano unas alforjas de bicicleta.
- No, gracias - le respondí.
- ¿Seguro? Es muy práctico...
- Es que... ya tengo para eso la caja de mi bici.
- Pero... lo vamos a tirar.
- En ese caso... bueno.
- Aquí tienes.
- Gracias.


Imagen funda de sillín Btwin - City 2X9L fotosLas alforjas no eran gran cosa, son baratas (menos de 20 €), de poca capacidad. Me las quedé un tanto reticente. Durante unos días, le fui dando vueltas a ver si podía hacer algo con ellas. Evidentemente, podía regalárselas a alguien, pero me hacían una cierta gracia. Valoré cambiar mi caja por ellas, pero no lo acababa de encontrar práctico, entre otras cosa porque me obligaba a llevarlas arriba y abajo todo el día... y no podía llevar cargas demasiado voluminosas. Así, fueron pasando los días.

Finalmente tuve una idea. Las instalaría en la bici, pero sin renunciar a la caja. Iba a ser un experimento curioso, pero tenía ganas de probarlo. Siempre estaría a tiempo de volver a quitarlas.

Así, esta mañana, antes de salir de casa, me decidí a probarlo. Desmonté la caja, quité el asa a las alforjas, coloqué correctamente las alforjas sobre el portabultos y volví a instalar la caja, con los debidos ajustes, sobre ella. La caja la sujeté con ayuda de unas bridas, de tal manera que para quitar el portabultos, sería necesario cortar las bridas.

Asumí, pues, el riesgo de que me robaran las alforjas, sabedora de que sería relativamente sencillo cortar las bridas. No obstante, mi bici no duerme en la calle, sino en el pasillo, y en general no he tenido demasiados problemas, y eso que por ejemplo suelo dejar una red elástica o el casco, que serían fáciles de robar con unas simples tijeras, en la propia bici.

Después de hacer varios recados, volví a casa. Como tenía que volver a salir poco después, decidí dejar la bici en la calle, como suelo hacer durante el día. Unas dos o tres horas mas tarde, mientras desataba la bici, observé que dos de las bridas que yo había puesto por la mañana habían desaparecido.

Alguien debió intentar robarme las alforjas. Para ello, cortó las bridas, y intentó sacar las alforjas estirando. No pudo, pero no se dio cuenta que bastaba soltar un par de hebillas y un par de velcros y habría podido llevárselas. O era tonto, o de repente le entraron los remordimientos (?).

¿Quién sería ese ladrón? Lo imagino ciclista, porque sino no se habría acercado al aparcamiento lo suficiente como para fijarse en los detalles, y porque si no lo era, no entiendo para qué quería las alforjas. También cobarde; intentó el robo, pero a la que se le complicó, lo dejó estar. Tenía que llevar algún tipo de herramienta: una navaja, unas tijeras, unas alicates... Y poco más puedo decir de él.

Este tipo de ladrones me dan mucha rabia. No son gente que haya hecho del robo su modo de vida. Tampoco son gente que necesite algo en particular y que se esfuerce en buscarlo, aunque se equivoque en los modos y decida robarlo en vez de comprarlo. No. Se trata de los ladrones oportunistas. Gente aparentemente normal y decente que, de repente, en un momento dado, ven algo que les llama la atención, se dan cuenta de la oportunidad de robarlo, y sin más lo hacen. Y lo mismo luego ni siquiera lo usan. Se les antojó y punto.

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