jueves, 26 de enero de 2012

El ladrón de bicicletas - Luigi Bartolini



Retomo hoy una sección ocasional de este blog: los libros de bicicletas.

El libro de hoy es todo un clásico: El ladrón de bicicletas, de Luigi Bartolini, de la que también se ha hecho una película.

El Ladrón de Bicicletas

No sé muy bien, aún, si la bicicleta es en este libro la protagonista o una mera excusa para retratar una ciudad, Roma, en un momento duro y sórdido. El protagonista del libro emprende una odisea para recuperar su bicicleta, recientemente robada, y aprovecha para retratarnos una época en que muchos ladrones campan a sus anchas.

Desde el punto de vista bicicletero, me interesa el detalle con que explica los métodos artesanales pero enormemente sofisticados que los ladrones utilizaban para modificar las bicicletas robadas y evitar que fueran reconocidas por sus dueños. Así describe una visita a un taller, el dueño del cual afirmaba tajantemente no tener trato alguno con ladrones:
[...] Uno barnizaba, con esmalte frío, una bicicleta nueva flamante que, de niquelada, se convertía en amarilla. Otro realizaba una labor más sutil. [...] Quitaba una abolladura en la barra de un marco. [...] El jovenzuelo ponía estaño sobre una acebolladura para llenar la concavidad y luego lo limaba. Después, como en el marco había el gancho de soporte de la bomba, de un diestro martillazo lo arrancó y lo limó tanto que desapareció,  del cuadro de la bicicleta, toda traza de soporte. Otro muchacho quitaba los guardabarros de otra bicicleta y los sustituía con otros completamente distintos. Finalmente, un cuarto camuflador se dedicaba a torcer, en caliente, al fuego, un manillar. Un viejo manillar, tan curvado  que parecía los cuernos de un buey marino. Cortó un trozo de cada uno de los extremos y lo redujo a un anónimo e insignificante manillar. Y no es esto sólo lo que hacen. Incluso camuflan las cámaras de aire. Arrancan los parches que hay pegados y los sustituyen con otros de otro tamaño. De una dinamo y un faro hacen dos, acoplando el faro de una marca a la dínamo de otro, y viceversa. Liman, o llenan del consabido estaño, las marcas y los números de matrículas, o sea, que desmatriculan las bicicletas. [...]  Poseen una gran cantidad de cubiertas viejas, cubiertas de hace diez años, y las sacan a la luz del día, enviando al depósito, al almacén ladronesco, las cubiertas recientemente robadas. En cuanto a los pedales [...] los hierros son limados por el lugar donde apoya el ciclista las suelas de los zapatos, y se aumenta el número de dientes. Id, pues, a reconocer, por muy listos que seáis, una máquina barnizada de nuevo, con los pedales cambiados y el manillar transformado.

El libro en sí se me hizo algo pesado de leer, pese a que es corto, por su narrativa densa, pero lo encontré entretenido y interesante.


Otras entradas sobre libros:
La vida sobre ruedas - Miguel Delibes
Kilómetros de sonrisas / África con un par - Álvaro Neil
El ciclista - Tim Krabbé

lunes, 23 de enero de 2012

¿Donde está el aparcamiento para bicicletas?





Ayer fui a ver un magnífico espectáculo del Cirque du Soleil. Eso tiene poco que ver con bicicletas, a priori, aunque alguna bicicleta salía en escena.


El tema es, que como en otras ocasiones, al llegar pedaleando a un lugar donde se desarrolla un espectáculo, nos encontramos que no había ningún lugar habilitado para dejar las bicicletas. Finalmente, yo y unas cuantas personas más, amarramos nuestras bicis a una valla de obra como esta:


No es lugar para aparcar bicis, desde luego: es poco seguro, puede molestar, tienen poca capacidad, es incómodo. Evidentemente, podríamos habernos acercado al Fòrum o a una calle cercana y buscar ahí un aparcamiento, un buen trecho más allá.

Este hecho no es la primera vez que lo comento en el blog, ya lo ví en Montjuïc de Nit. Estoy segura que para instalar un circo en Barcelona, el ayuntamiento se asegura de que haya espacio de aparcamiento para vehículos y motos. De hecho, había una amplia zona habilitada y señalizada para tal fin... pero no se plantea la necesidad de aparcamientos para bicicletas.  Eso sí, al menos en las instrucciones de como llegar, se menciona que se puede llegar en Bicing. Algo es algo.

Contrasta con otras iniciativas que a veces encontramos, como el que comentaba el otro día @yayel vía Twitter sobre el Centro de Innovación del BBVA.

jueves, 19 de enero de 2012

Pulsaciones

Paro en un semáforo. Un hombre se me queda mirando. Tendrá unos sesenta o sesenta y pico años. "Está bien esto de la bici", dice. "¿No te cansas mucho?". Su mano se cierra entorno a mi muñeca... "¿tienes muchas pulsaciones?".

miércoles, 18 de enero de 2012

Imaginemos carriles moto

Un técnico del Ayuntamiento X se dio cuenta un buen día de algo. No sabemos si lo averiguó tras encargar y leer algunos informes o si simplemente le vino a la cabeza mientras paseaba tranquilamente por su ciudad. La cuestión es que observó que en la mayoría de accidentes que tenían los motoristas estaban implicados coches.

Se convocó una reunión, y tras algunas discusiones se llegó a la conclusión obvia. Si el problema que las motos tenían accidentes en relación con los coches, convenía que las motos pudieran circular por carriles libres de coches. Así pues, se pusieron manos a la obra, y crearon el carril moto. Era la solución perfecta para reducir los accidentes de moto, un vehículo especialmente vulnerable frente a los coches. Y como era la solución perfecta, era perfectamente lógico obligar a las motos a circular única y exclusivamente por estos carriles.

Empezaron a construir los carriles moto, y las motos a circular por ellos. Al principio, los motoristas pensaron que iban a funcionar bien. No tenían que arriesgarse zigzagueando entre los coches, y podían adelantarlos cuando hubiera atascos. Lástima que se olvidaron de un detalle: hacer los carriles moto los suficientemente anchos como para que las motos se pudieran adelantar entre sí, de tal manera que las motos tenían que circular en fila india, una detrás de otra, y limitadas a la velocidad de la más lenta... o arriesgarse a tocar codo con codo al adelantar.  ¡Imaginaros los líos que se armaban cuando un amante de lo retro circulaba con su antigua, lenta y enorme moto con sidecar!

También había otro problema: las intersecciones se convirtieron en más peligrosas para las motos... puesto que circulaban por la derecha de la calzada, cuando un coche quería girar a la derecha en una intersección debía, necesariamente, atravesar el carril moto, con el consiguiente peligro para los motoristas.

Además, a veces los coches se paraban sobre el carril moto. No mucho rato, pero lo suficiente para que las motos tuvieran que adelantarle, arriesgándose a hacer una entrada repentina en los carriles de coches.

La red no se implantó en toda la ciudad a la vez, sino que se fue haciendo por fases. "Poco a poco iremos completándola", declararaban desde el Ayuntamiento. Pero mientras tanto eran demasiados los lugares donde, repentinamente, desaparecía el carril moto y la incorporación a los carriles de circulación de coches la hacía cada motorista como podía.

Por si esto fuera poco, en algunas calles no había suficiente espacio en la calzada para el carril moto, así que se decidió crear el carril moto sobre la acera. Claro que, como en la acera había peatones, era necesario limitar la velocidad de las motos, que debían circular a menos de 10 km / h por cualquier carriles moto sobre acera

Y por supuesto, los motoristas no debían quejarse, al fin y al cabo, ¡todo era por su seguridad!



NOTA:

Este relato es una caricatura. Vaya por delante que no estoy, a priori, en contra de los carriles bici. Creo que son necesarios en muchos casos, pero no en cualquier lugar y no de cualquier manera. Y por supuesto, no tengo nada en contra de los motoristas, más bien al contrario, creo que es importante buscar puntos de entendimiento bici-moto, ya que nuestras problemáticas son a menudo coindicientes. Con este relato solo pretendo hacer reflexionar, pensar cómo estamos dando por hechas algunas cosas respecto a la bici que serían impensables respecto a otros vehículos. 

jueves, 12 de enero de 2012

Más aparcamientos incómodos

Hace pocos días os hablaba de un aparcamiento de difícil acceso. Hoy he dejado mi bici en uno aún peor... bueno, de hecho no he podido ni dejar la bicicleta, ya que estaba muy lleno y no quedaba sitio (y no era un "cementerio", la mayoría de bicis se veían activas). Aquí tenéis algunas imágenes:




¿Podría haber más cosas en este pequeño trozo de acera? ¿No se supone que las aceras deberían ser para los peatones? La cuestión es que aquí, además, entreel alcorque del árbol, los maceteros, la valla, los bolardos y las motos, es francamente complicado acceder al aparcamiento bici. Supongo que la feliz idea de poner las plantas (y que conste que creo que en Barcelona nos falta "verde") es para evitar que las motos y coches se cuelen... pero no cumplen su cometido y aún complican más las cosas.

Sé que se trata de un lugar difícil, en plena Vía Laietana, una calle con muchísima circulación y aceras especialmente estrechas, por lo que cada pequeño rincón acaba siendo ocupado... ¿pero no habría mejores soluciones?