martes, 10 de diciembre de 2013

Toda ayuda es poca... o demasiada

Está claro que los ciclistas, y más aún las ciclistas, somos unos seres desvalidos que no sabemos dónde nos metemos. Y por eso nos empeñamos en subir y bajar nuestras bicicletas del tren o, peor aún, subirlas y bajarlas por las escaleras de la estación. Y, obviamente, necesitamos ayuda de los demás para no acabar así:


(NOTA: por lo que se puede leer, el tipo en cuestión no estaba bajando su bicicleta a pulso, sino subido en ella)

Yo subo y bajo escaleras con mi bicicleta más a menudo de lo que querría, más que nada porque no me queda otro remedio en alguna de las estaciones por las que paso a diario. No es cómodo, y en ocasiones (por ejemplo en la estación en obras de Gracia, de FGC), puede ser francamente complicado. Pero no quiero aquí hablar sobre las infraestructuras en las estaciones, sino de los amables ciudadanos que pretendiendo ayudar complican las cosas.

Yo pero puedo cargar con mi bicicleta sin demasiados problemas (bueno... he de reconocer que he sudado tinta algún día en que se me ha ocurrido ponerme tacones finos). Sin embargo, a menudo me encuentro que, a mitad de la escalera, con la rueda delantera de mi bicicleta elevada y la trasera baja, siguiendo la pendiente de la escalera, algún genio viene por detrás y, sin avisarme, agarra el protabultos y hace fuerza hacia arriba para ayudarme. Consecuencia: la rueda delantera de mi bicicleta se clava contra el escalón, yo pierdo el equilibrio inesperadamente y tengo que recuperarlo cómo puedo, a la vez que me giro hacia atrás para ver qué narices está pasando. Y toca decir, con la mejor de las sonrisas: "No muchas gracias, no necesito ayuda, puedo yo sola", pero por dentro grito "¡¡pero serás inutil!! ¿¿¿¿no ves que así acabaremos los tres (cuento a la bici) por los suelos????".

Y casi es peor cuando esto ocurre subiendo al tren, y te encuentras con un pie en el andén, otro en el escalón, la bici totalmente desequilibrada y el insistente pitido de las puertas metiendo prisa.

Así que, la próxima vez que me veáis en una escalera con mi bicicleta... ¡¡preguntad antes de ayudar!!